Existen una variedad de razones por las cuales la grasa se deposita en la zona del vientre, incluyendo la predisposición genética, la dieta y la falta de ejercicio. Pero muchas mujeres, incluso aquellas que son delgadas o las que siempre han tenido un estómago chato, ahora han desarrollado una “pancita”. Comparadas con los hombres, las mujeres son menos propensas a desarrollar adiposidad en el vientre, pero con la edad, nuestro metabolismo se hace más lento y las hormonas cambian. Incluso nuestra distribución de la grasa cambia. Esta redistribución sucede por el modo en que se metabolizan las grasas y los variados cambios hormonales que suceden en el cuerpo.
La menopausia causa una disminución del estrógeno y como este es producido en parte por células grasas, nuestro cuerpo produce más de estas para ayudar a equilibrar la falta de estrógeno. Asimismo, los niveles de progesterona también bajan, lo que puede contribuir a una inchazón abdominal y retención de líquidos.
El aumento de peso relacionado con la menopausia es inevitable pero se pueden controlar los efectos haciendo ejercicio y manteniendo una dieta saludable. El ejercicio debería ser cardiovascular de moderado a intenso, unos 30 minutos, tres veces por semana.
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